lunes, 19 de octubre de 2020

20oct20:Parásitos

 

Martes a las 20.00 horas. Entrada: $ 150, socios  gratis.

Título original Gisaengchung aka AKA Parasite

Año 2019

Duración 132 min.

País Corea del Sur

Dirección Bong Joon-ho

Guion Bong Joon-ho, Jin Won Han

Música Jaeil Jung

Fotografía Kyung-Pyo Hong

Reparto Song Kang-ho, Lee Seon-gyun, Jang Hye-jin, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-sik, Park So-dam, Park Seo-joon, Lee Jeong-eun, Park Keun-rok, Hyun Seung-Min, Andreas Fronk, Park Myeong-hoon, Jung Hyun-jun, Ji-hye Lee, Joo-hyung Lee, Jeong Esuz, Ik-han Jung, Seong-Bong Ahn, Dong-yong Lee, Hyo-shin Pak

Género Intriga. Comedia. Drama. Thriller | Comedia negra. Drama social. Familia

Clasificación +18

Sinopsis Tanto Gi Taek (Song Kang-ho) como su familia están sin trabajo. Cuando su hijo mayor, Gi Woo (Choi Woo-sik), empieza a dar clases particulares en casa de Park (Lee Seon-gyun), las dos familias, que tienen mucho en común pese a pertenecer a dos mundos totalmente distintos, comienzan una interrelación de resultados imprevisibles. (FILMAFFINITY)

Critica La lucha de clases que se dirime en espacios geográficos diversos contaminados por las asimetrías sociales, las miserias económicas y humanas y la obscena opulencia de los ricos que subvierte valores, constituye el radical disparador temático de Parásitos, el séptimo y formidable largometraje del maestro coreano Bon Joon-Ho.

Esta película, que cosechó la Palma de Oro en el Festival de Cannes y sorpresivamente los premios Oscar en las categorías Mejor Película, Mejor Director, Mejor Film Internacional y Mejor Guión Original, es una auténtica lección de cine de alta escuela y superlativo vuelo dramático, que impacta y a la vez conmueve.

El aclamado film corrobora los sólidos antecedentes artísticos de un director referente, autor de recordados títulos como Memorias de un asesino (2003), El huésped (2006), Madre (2009), El expreso del miedo (2013) y Okja (2017).

El cine de Bong Joon-Ho posee una impronta sin dudas intransferible, que privilegia –entre otras tantas inquietudes- el análisis de los grandes dilemas de nuestro tiempo histórico.

Esa predisposición a hurgar en la condición humana suele discurrir entre la crítica a un sistema económico y social realmente disfuncional y las respuestas y pulsiones emocionales colectivas, en un mundo globalizado y signado por una creciente incertidumbre.

Todo eso y mucho más ofrece Parásitos, que, sorprendentemente, ha impactado y concitado la atención y admiración de diversas audiencias del planeta, quizás por plantear temáticas que son universales y transversales y que obviamente trascienden a las fronteras geográficas, étnicas y culturales.

En efecto, no es frecuente que un cineasta coreano –cuya producción está habitualmente acotada al ámbito de los festivales que privilegian la calidad artística sobre el mero comercio-tenga un tan importante nivel de penetración en el público masivo.

Sin embargo, Bong Joon-Ho lo ha logrado, con una historia que sensibiliza particularmente por un realismo crudo no exento de humor negro ni de crítica vitriólica y una superlativa carga emocional.

Al respecto, el propio nombre de la película amerita una profunda reflexión, porque refiere, en lenguaje meramente biológico y también alegórico, a un organismo que vive a expensas de otro.

En buena medida, en las sociedades de impronta capitalista sucede casi lo mismo, con una clase social- la burguesa- que detenta la propiedad privada de los medios de producción y se apropia de la renta generada por el trabajo de la clase media baja y aun de quienes sobreviven malamente en la pobreza.

Esa suerte de despiadada explotación – que es admitida explícitamente por un sistema económico y social hecho a la medida de las necesidades de una clase privilegiada- es realmente una suerte de despojo con marco legal.

Parásitos es, en muy buena medida, el correlato de este vínculo claramente asimétrico, el cual horada los más elementales fundamentos de la equidad que debería existir en todo sistema presuntamente democrático.

Desde las primeras secuencias, el director y guionista conduce al espectador a través del corazón de la historia, describiendo las paupérrimas condiciones en las cuales vive la familia Kim, integrada por una madura pareja con dos jóvenes hijos.

El primer e irónico indicio de la miseria de este grupo humano condenado a vivir en un sótano que se inunda cuando llueve y a dormir en refugios cuando todo se anega, es que sus integrantes se quedan sin wifi.

En efecto, parece insólito que se preocupen mas por estar conectados que por tener trabajo y comer todos los días, ya que todos son desocupados y se alimentan gracias a los menguados ingresos originados en su trabajo de montar cajas de pizza.

Empero, los caprichos del destino les permiten relacionarse con la potentada familia Park, que vive en una lujosa mansión de dos plantas con numerosos y amplios ventanales y un jardín que parece una estancia.

El vínculo se concreta a través del joven hijo de los Kim, quien comienza a enseñarle inglés a la adolescente hija de la pareja y a integrarse a ese núcleo familiar de extracción burguesa que, con el tiempo, otorgará trabajo a todo ese grupo humano que vive en la periferia de la sociedad.

El primer núcleo de reflexión refiere al radical contraste entre la sagacidad de esos pobres habituados a sobrevivir a como dé lugar y la ingenuidad de los ricos, que se dejan engañar fácilmente, porque viven en su limbo de privilegios.

Empero, hay un personaje que pertenece a ambos mundos: el ama de llaves y cocinera de la familia, quien, pese a ser de condición humilde, ha usufructuado el bienestar y el status que le confiere haberse transformado en indispensable.

Empero, esa armónica convivencia entre personas tan diferentes por su origen social, es obviamente aparente. No en vano, el dueño de casa le comenta a su esposa, con absoluta naturalidad, que de sus trabajadores emana el mismo olor que se percibe en los trenes. Por supuesto, la mujer le responde que jamás viaja en ese medio de transporte, sino en una lujosa limusina con chofer.

El film destila humor negro, mofándose amargamente de los ridículos ritualismos de la clase acomodada, que se aferra obsesivamente a su statu quo arribista.

Por supuesto, esta propuesta cinematográfica no omite denunciar la grosera colonización de Corea del Sur por parte de los Estados Unidos, que modificó radicalmente las costumbres y hasta la cultura del país asiático. En tal sentido, la película revela que el tan mentado modelo surcoreano es un mito, en tanto las diferencias sociales son tan abrumadoras como exasperantes.

Otro tema sobre el que ironiza Bong Joon-Ho es el relativo a la amenaza de invasión por parte de Corea del Norte, que justifica la permanencia de tropas estadounidenses en Corea del Sur desde hace setenta años, en una suerte de ocupación que afianza la avanzada imperialista de Washington y requiere una millonaria inversión.

Empero, más allá de eventuales disquisiciones geopolíticas, Parásitos es un potente drama impregnado de ironía, que cuestiona las despiadadas asimetrías sociales del sistema capitalista y denuncia todas las miserias humanas, tanto las materiales como las morales.

Al margen de su mero contenido discursivo y sus excelentes actuaciones protagónicas, la película es también una experiencia audiovisual prodigiosa y realmente apasionante, que confirma el indudable talento del galardonado autor, quien, en la noche del domingo 9 de febrero, ingresó en la mejor historia de Hollywood al obtener el máximo galardón para el cine asiático.

Hugo Acevedo (Publicada en Revista Onda Digital)

Trailer

 


martes, 13 de octubre de 2020

13oct20: La Tregua

 

Martes a las 20.00 horas. Entrada: $ 150, socios gratis.

Título original La tregua

Año 1974

Duración 108 min.

País Argentina

Dirección Sergio Renán

Guion Sergio Renán, Aida Bortnik (Novela: Mario Benedetti)

Música Julián Plaza

Fotografía Juan Carlos Desanzo

Reparto Héctor Alterio, Ana María Picchio, Luis Brandoni, Marilina Ross, China Zorrilla, Cipe Lincovsky, Oscar Martínez, Luis Politti, Norma Aleandro, Antonio Gasalla

Género Drama | Drama romántico

Sinopsis Martín Santomé, un viudo con tres hijos, comienza a registrar en un diario íntimo la vida cotidiana y anódina de la oficina y las tensiones de su vida familiar. Un día, a punto de jubilarse, irrumpe en su vida la joven Laura Avellaneda, y Martín descubre que aún está vivo. Superados los temores que les infunde la gran diferencia de edad que hay entre ellos, se atreven a correr el riesgo de vivir una relación amorosa. (FILMAFFINITY)

Premios

1974: Nominada al Oscar: Mejor película de habla no inglesa

“La Tregua” es una película emblemática del cine rioplatense de los años 70, dirigida por Sergio Renán y con un notable elenco encabezado por Héctor Alterio, Ana María Picchio, China Zorrilla, Marilina Ross, Luis Brandoni y Cipe Lincovsky. Lleva a la pantalla la más famosa novela de Mario Benedetti, una historia de amor agridulce ambientada en el Montevideo de finales de los años 50 que plantea inquietudes que trascienden contextos históricos y que enfrenta al espectador a grandes temas como el amor, la soledad, el paso del tiempo, la rutina y la acción política. “La tregua” es una novela que se sigue leyendo y releyendo, con reediciones en decenas de países y diferentes idiomas, lo cual demuestra que es una obra que ha logrado acercarse a diferentes generaciones y así sobrevive al tiempo en la apreciación de los lectores.

«La tregua» es una novela escrita en 1959 y publicada en 1960. Ha sido traducida a 18 idiomas y es, por lejos, la obra de Mario Benedetti más editada. Hasta la fecha, según datos de la Fundación Mario Benedetti, lo ha sido en 153 ocasiones. La historia de Martin Santomé, un hombre viudo desde hace muchos años, que ha dedicado su vida al trabajo contable en una oficina y a sacar adelante a sus tres hijos -dos de los cuales no conocieron o conocieron escasamente a su madre-, y que repentina e insospechadamente, a poco de jubilarse, ya casi en sus cincuenta, conoce a Laura Avellaneda y prueba el amor una vez más, a pesar de una gran diferencia etaria. Cuando todo parece encaminarse felizmente, sorteando las dificultades propias de temores y prejuicios, súbitamente Avellaneda también muere y la vida de Santomé parece perder sentido definitivamente.

La tregua, el filme, se estrenó en agosto de 1974 y se convirtió en la primera película argentina en ser candidata a un premio de la Academia de Hollywood como mejor filme extranjero, o de habla no inglesa. La versión libre de la novela de Mario Benedetti marcó el debut en cine del director Sergio Renán, también fue el primer protagónico de Héctor Alterio y la primera adaptación al cine de un guion de Aída Bortnik (La historia oficial, 1984; Tango feroz: la leyenda de Tanguito, 1993; Caballos salvajes, 1995; Cenizas del paraíso, 1997; entre otras).

Aquí, esa adaptación funciona para sostener la sustancia del relato original, pero además amplifica su dimensión a un tono de tragedia urbana, citadina, que trasmite todo el gusto amargo de esa vida trunca, carente de emociones vitales, que no logra despegar del tono resignado y opaco, y que tiene a la jubilación como único sinónimo del ocio y última esperanza y posibilidad concreta de encontrarse a sí mismo como ser en el mundo. En La tregua, Renán se permite la pausa, el silencio, la mirada atenta… y con ello nos permite la reflexión, la asunción de la derrota, el doler con…

También la intertextualidad con la que trabaja Renán -sin dudas presente en el original literario, pero reforzada y casi explicitada en su versión cinematográfica- sostiene con bases sólidas la idea de vidas meramente transcurridas, de posibilidades de futuro autocercenadas por la mecanicidad de sus acciones cotidianas, de seres sin horizontes, en los que la felicidad solo asoma como remedo de la alegría.

Roberto Arlt y «La isla desierta» (1937) se imponen como índice de lectura.

La adaptación que Bortnik realizó junto a Renán traslada las entradas de ese diario que lleva Martín Santomé, y que estructura toda la novela de Benedetti, de modo preciso, respetuoso y solidario con el espíritu de su original literario. Dicho con mayor precisión: traslada su espíritu, no estrictamente su texto. También le presta oídos a la ciudad y sus sonidos y al tono melancólico del tango que la habita; la bellísima y punzante banda sonora original de Julián Plaza subraya el tedio de esa vida de rutinas -incluso en domingo-, el dolor de ciertos desencuentros vitales, y el sabor amargo de lo que ya no será. Los acordes que como golpes se reiteran al inicio y al final del filme marcan el fin de esa tregua. Ese hombre triste, enfrentado al espejo del mueble de su cuarto, al comienzo, y que enfrentará al espejo de la platea sobre el final, no sabrá de paz. Tal vez debamos correr la mirada; la identificación podría desalentarnos ciertamente. (…) Benedetti nunca entendió muy bien el éxito de su novela; no consideraba que fuera lo mejor que había escrito en ese género. Sin embargo, funcionaba. En una recordada entrevista realizada por María Esther Gilio para Brecha, ella insiste con la búsqueda de sus virtudes: «[…] algo tiene que tocar en la gente«, le cuestiona. A lo que Mario se limita a responder: «Es una historia de amor. Creo que no es cursi«.

Mario relataba sorprendido, curioso: «No sabés cuántas veces la han dado en radio, cine, teatro, televisión. A veces bien hecha, a veces mal. En Colombia, por ejemplo, hicieron una versión desastrosa. Metieron complicaciones con el narcotráfico. Yo solo les había exigido que la ubicaran en Uruguay. Nunca imaginé que saldrían con algo así. La tregua me conquistó un público de afuera. Cuando la hicieron en televisión con Héctor Alterio y Ana María Picchio fue fantástico. A mí me gustó más esta versión que la hecha en cine«.

Y es que a Mario le molestó que la trasladaran de época, pero más aún le molestó que la trasladaran de espacio. Que la situaran en Buenos Aires lo llevó a enemistarse durante un cierto tiempo con Renán. Es por ello que Gracias por el fuego incluye varias escenas exteriores filmadas -como condición suya o como concesión ajena- en la ciudad que él tanto amaba: Montevideo. (En Gracias por el fuego la molestia vendría por las risotadas finales que los productores le impusieron a Renán para el personaje interpretado por Graciela Dufau; muy lejos del tono de ese epílogo en la novela).

La historia de «La tregua» tiene una base real «levemente» modificada por el escritor nacido en Paso de los Toros. Parte de un romance real que viviera uno de sus jefes de oficina con el que sostenía una relación cálida y cordial. En determinado momento, casi inesperadamente, rondando más o menos los cincuenta años, le confiesa a Mario que estaba enamorado.

««Pero el problema es que esta muchacha tiene la mitad de mis años. Tiene 26. ¿Qué voy a hacer?» «¿Por qué no se casa?»

Andrés Vartabedian (Revista Cultural Vadenuevo, 05/08/2020)

  

Mario Benedetti en el cine

La obra del escritor uruguayo (1920-2009) nacido en Paso de los Toros, Tacuarembó, recorre diversos géneros literarios: poesía, narrativa, ensayo, incluso teatro. Varias han sido sus obras adaptadas al lenguaje cinematográfico, ya sea en forma de largometrajes como de cortometrajes. En un primer momento, fue su obra en prosa la elegida por diversos realizadores para ser trasladada a la pantalla grande. Sin embargo, lentamente, la poesía fue ocupando también su lugar de importancia.

Esta relación con el séptimo arte, de acuerdo a la investigación realizada por Andrés Vartabedian (Revista Cultural Vadenuevo) abarcaría diez largometrajes, 17 cortos, tres series de televisión, incluyéndolo asimismo como actor en un par de oportunidades.

Trailer: